El riego


    El riego es el factor más importante del cuidado del césped. Para que el césped crezca con fuerza debe tener unas raíces fuertes y vigorosas. Las raíces necesitan tierra húmeda y aireada para que su crecimiento sea adecuado. Si, al igual que otros muchos, quieres que tu césped esté verde a lo largo de toda la temporada de crecimiento, a continuación proponemos algunas claves para conseguirlo:

    Regar de forma abundante pero no con demasiada frecuencia

    Al regar de forma abundante pero no con demasiada frecuencia, el agua penetra en los primeros 15-20 cm. de la tierra, favoreciendo un crecimiento sano de las raíces. La mayoría de los campos de césped deben recibir al menos dos dedos de agua a la semana. De esta forma se maximiza la eficiencia del consumo de agua y la calidad de la hierba. Regar abundantemente pero no con demasiada frecuencia favorece un sistema de raíces más profundo y extenso, a la vez que hace que la hierba sea más resistente frente a las enfermedades y otras tensiones.

    Regar mediante una ligera aspersión sólo es beneficioso para la hierba recién plantada, cuando las raíces se están expandiendo en la capa superior de suelo. Una vez que la hierba se haya establecido, las raíces penetrarán más profundamente en el suelo. El riego mediante una ligera aspersión sólo favorecerá el desarrollo de las raíces cerca de la superficie del suelo y detendrá el crecimiento de las raíces más profundas. Las raíces poco profundas necesitan que sean regadas frecuentemente para mantener la superficie mojada, creando un entorno ideal para las malas hierbas y las enfermedades.

     

    Regar de forma uniforme

    El césped requiere una cobertura de riego uniforme para mantener su vigor y un aspecto sano. Las zonas marrones en el césped suelen ser una señal de una cobertura irregular.

    Es una buena idea comprobar con regularidad los sistemas de riego para ofrecer una cobertura regular. Un buen método para determinar la proporción en la que el sistema de aspersión debe suministrar el agua es colocar varios recipientes pequeños (de unos cuatro dedos de profundidad) en la zona a regar. Después se pone en funcionamiento el sistema durante 15 minutos y se observa si estos recipientes se llenan de forma uniforme. Se mide la profundidad del agua en todos los recipientes y se calcula la media. Por último se multiplica por cuatro esta media para determinar la cantidad de agua suministrada en una hora. Los aspersores deben ajustarse a fin de evitar tanto las áreas secas como las encharcadas.  

     

    No regar en exceso

    Regar con demasiada agua no sólo resulta costoso, sino que además puede provocar el crecimiento de la hierba y, consiguientemente, que sea necesario cortarla con mayor frecuencia. Un terreno saturado puede derivar en una mala aireación y, en consecuencia, debilitar la hierba haciéndola vulnerable frente a las enfermedades y a las invasiones de las malas hierbas. Por otro lado, si el agua es insuficiente, la hierba se secará. Hay que esperar a que el terreno esté parcialmente seco para regar y proceder a su riego cuando los 5 primeros centímetros de la tierra estén totalmente secos. Se puede utilizar algún objeto (p. ej. un destornillador) para comprobar el estado del suelo y medir la profundidad de la humedad.

     

    Regar sólo cuando el césped necesite agua

    En términos generales, el césped necesitará agua cuando los cinco primeros centímetros de la tierra estén totalmente secos. Si se quedan marcadas en el césped nuestras huellas al andar o si la hierba ha cambiado de color o ha empezado a ponerse mustia, puede que se deba a que le hayamos negado el agua.

     

     

     

    §      Regar a primera hora de la mañana

    La mejor hora para regar es de 4 a 8 de la mañana. A esta hora es cuando el consumo del agua es más efectivo, pues la pérdida por evaporización es mínima y la distribución suele ser buena debido a la buena presión que hay a esa hora del agua y al escaso viento. Por la tarde se malgasta mucha agua debido al elevado índice de evaporación. No se debe regar a última hora de la tarde o cerca de la medianoche ya que a estas horas la capa de materia muerta y las cuchillas son más propensas a sufrir enfermedades, sobre todo las causadas por hongos, si se mojan en noches frescas. 

    Programa de riego

    Como los céspedes varían tanto de unos a otros, no podría darse una respuesta única acerca de la cantidad de agua que debe suministrarse. Debe tenerse en cuenta tanto la clase de césped, como el clima y el tipo de aspersor.

    Hay que adquirir el hábito de regar cada 7-10 días en la época de crecimiento y cada 3-5 días en los meses de verano. En función de la presión local del agua y del tipo de aspersor que estemos utilizando, tendremos que regar durante aproximadamente una hora para que el suelo se empape realmente.

    Evitar las escorrentías

    Si estamos intentando regar una zona problemática, como una pendiente o terrenos muy compactos, debemos estar atentos para que no haya escorrentías. Para evitar el malgasto de agua, se debe regar un poco la zona hasta que se observe la escorrentía; después parar, esperar un rato y regar de nuevo, repitiendo este proceso hasta que el suelo quede completamente empapado.

    Sistema de riego

    Debemos revisar nuestro sistema de riego con regularidad con el fin de evitar escorrentías o que salga demasiada agua por los aspersores, sobre todo si el césped está en pendiente. Se debe comprobar igualmente que las salidas de los aspersores no están rotas, inclinadas o atascadas y ajustarlas para asegurar que se ofrece una cobertura regular a todo el terreno.